El hombre de la calle vive en un mundo que para él es «real», aunque en grados diferentes, y «sabe», con distintos grados de certeza, que ese mundo posee tales o cuales particularidades.El filósofo, por supuesto, se interroga acerca del carácter último de esa «realidad» y de ese «conocimiento». ¿Qué es lo real? ¿Cómo conocerlo? Podría decirse que la apreciación del sociólogo se ubica en un punto intermedio. Está obligado a indagar si las diferencias entre las distintas «realidades» no pueden entenderse en relación con las diferencias entre las distintas sociedades. Debe examinar los modos generales por los cuales las «realidades» se dan por «conocidas» en las sociedades humanas, los procesos por los que cualquier conjunto de conocimientos (y no sólo las teorías o las «ideas» prevalecientes entre los intelectuales) queda establecido so-cialmente como realidad. El doble carácter de la sociedad como «facticidad objetiva» y como «complejo de significados subjetivos», que orientó respectivamente las teorías sociológicas de Durkheim y de Weber, dio paso ?sobre todo a partir de Alfred Schutz, en cuya obra se cimenta la posición de los autores? a este nuevo interrogante: ¿Cómo es posible que los significados subjetivos se vuelvan facticidades objetivas? La sociología del conocimiento debe captar la forma en que cristaliza, para el sentido común del hombre de la calle, una «realidad» ya establecida: debe ocuparse del análisis de la construcción social de la realidad.  
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