El siglo de la biotecnología, en el que estamos entrando, nos va a tentar con una amplia gama de alimentos transgénicos y animales alterados genéticamente (eso sí, patentados por las grandes corporaciones); medicamentos maravillosos y terapias genéticas que, en teoría, producirán niños más sanos, eliminarán el sufrimiento y alargaran la vida de las personas. Pero a cada paso que damos hacia ese nuevo mundo «bioindustrial», una angustiosa pregunta nos asalta: «¿A qué precio?»