Sigmund Freud cuida que sus textos, sometidos a los requerimientos de una divulgación, no tropiecen con las concesiones propias de los productos de consumo. Jacques Lacan indica que sus Escritos no están para ser leídos desde el sentido común. Algo en estas escrituras impide su devoración desde una lectura compresiva. Ambas escrituras, sin dejar de atender a sus épocas, eligen un lector al cual le toca una entrada difícil al texto, haciendo que la eficacia de sus letras resida en un inconsciente que opera leyendo. El accidente orienta así, lo real del encuentro entre lector y texto.
La lectura desviada, empuja al lector a desertar del sentido común- de su marca de origen, a inventar sus precursores e el recorrido y a producir un nuevo texto.