“Todos los argentinos nos merecemos un barco, todos soñamos con el timón de madera de roble lustrado haciendo la travesía Punta-Floripa. Todos queremos lo mismo, y sólo cien tipos lo pueden tener. La puta que los parió a esos cien.”
The Palermo Manifesto es una arenga demoledora contra los lugares comunes y una serie de personajes que montaron sus negocios a caballo de la industria de los símbolos que disfrazan las ruinas. No es un texto sobre Palermo sino desde Palermo, escrito en los bares “del barrio salvado del país destruido” y destinado a conmover tanto a los dueños de la academia, el periodismo y la política como a sus víctimas. El libro, que se lee cantando, respira el aire de la época y le pone nombre. Es, también, un levántate y anda para la curiosidad y la energía dormidas de quienes ya se amoldaron a lo que hay y reconocen lo patético del conformismo. Esteban Schmidt es un francotirador sin patrones, un pequeño mito contemporáneo en los pantanalesde la escritura política. En este alegato, que sus primeros lectores ya adivinan histórico, le presta su voz a Estebitan, su álter ego demencial, loco de los deportes, polígamo, temerario y orador elegante condenado a narrar la caída de la Argentina que pudo ser y no fue.