Esta novela se la puede entender en tres precisas dimensiones. La primera parte, poética, diáfana e inocente, sin amenazas ni peligros callejeros y que habla de una época ya transcurrida, donde aún no pululaban ni las drogas adictivas ni la violencia impiadosa.
Una segunda parte, donde ya comienza a esbozarse la Maldad mimetizada en múltiples personajes, con cómplices urbanos y mundiales. Allí es también donde se describe los perfiles de su contracara, o sea la Bondad y la lucha interminable entre ambos.
La tercera parte, ya corresponde a un perfil más que dramático, crudo y desesperante, que se torna atrapante, por la intriga y perversión de sus desenlaces. En el futuro, este entorno social se profundiza en forma descarnada, al mejor estilo policial negro hasta llegar a un climax cerca del final, que no resulta para nada previsible, sino sorpresivo, planteándole al lector el reflejo de su mundo mental interno.
Esta novela, además de su contenido policial psicológico y científico, tiene un desarrollo totalmente novelizado entre sus protagonistas, abriendo además una impronta con intriga y sedimento cultural muy profundo.