¿De qué modo lo pulsional, esa instauración del cuerpo freudiano, interviene en el lazo, la fricción y la exclusión del psicoanálisis con el arte?
Lejos de una relación, unión o intersección que busque disciplinar el arte bajo el psicoanálisis, se trata de cómo lo pulsional penetra la estética, hallando una iluminación psicoanalítica en el punto en que el psicoanálisis deja de ser. Como resplandor agónico, casi al borde de la metapsicología, la sublimación abre de manera inusual el problema de la recepción: del ojo-Cézanne, del oído-Bartók, del dolor-Troilo.