El cine, a partir de su anacronización social, deviene pensamiento particular de lo particular. No se trata de que la losofía salga en apoyo del cine, como si todavía hiciera falta justicar la seriedad de su existencia, sino de que el cine salga en apoyo de la losofía. Es él el que le trazaría un camino posible a la losofía contemporánea. Ese es, felizmente, el punto de vista de Gutiérrez a lo largo de este libro: el cine ha sido capaz de una operación a la que aspiró –y aspira- la losofía contemporánea. Si el cine pudo pasar, en el curso del siglo XX, del plano como categoría espacial al plano como categoría temporal, ¿podría la losofía hacer el mismo pasaje? De hecho, ese fue el pasaje que se propuso hacer buena parte de la losofía contemporánea para salir del encierro del concepto. El concepto –se sabe- es siempre general y conoce de lo diferente lo que el sujeto sabe de antemano. De ese modo, le impone a lo otro lo que debe ser. Pero esa voluntad -o, mejor dicho, ese deseo- de trascender el concepto las distintas losofías contemporáneas sólo lograron proponerlo al modo de un programa que ellas mismas no podían cumplir. Ninguna losofía contemporánea logró hacer el pasaje de la percepción natural, centrada en el sujeto, a la percepción en sí (eso que se llamaba “primacía del objeto” en el léxico materialista iconoclasta –el de un materialismo “sin imágenes”- de la Dialéctica negativa de Adorno -un autor que se negó a concederle al cine la condición de arte, aunque ahora sabemos por sus biógrafos cuánto disfrutaba de las películas-). El cine, al ser incapaz de negativizar sus materiales por medio de la abstracción o del silencio, fue aquella de las artes que en mejores condiciones estuvo para mostrarle a los lósofos cómo sería un modo de percepción no conceptual (sin que hiciera falta, para eso, amar el cine o saber de cine).

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El Blog de Librería Paidos

Madre no hay una sola. Experiencias de maternidad en la Argentina

(Karina Felitti (coordinadora) y autoras: Gabriela Irrazábal, Lucía Ariza, Gabriela Bacin, Florencia Gemetro, Patricia Schwarz, Valeria Fornes, Silvia Hirsch, Marcela Amador Ospina, Karina Felitti, Ana Domínguez Mon, Beatriz Kalinsky, Mónica Tarducci, Paula Fainsod y María Victoria Castilla).

No es difícil refutar el conocido refrán. Siempre han existido muchas formas de ser madre, así como diferentes discursos e intervenciones desplegados en torno y a partir de este rol.

Desde hace unas décadas, esta diversidad se ha vuelto más visible, ocupa un lugar en la agenda política y convoca a la investigación social. Mujeres solas, casadas o separadas; adultas y adolescentes; heterosexuales, bisexuales y lesbianas; de sectores medios y de clase baja; militantes católicas y feministas; indígenas y migrantes; usuarias de técnicas de......
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