Las investigaciones clínicas y los trabajos de campo a que hemos procedido en los últimos años, tanto en Francia como en el extranjero, revelan un mundo de sufrimiento que está detrás de la vidriera del progreso y a veces provoca incredulidad. Cuando hay información, ésta es individual y proviene de la propia experiencia de trabajo, o indirectamente de alguien cercano que sufre y cuenta su sufrimiento. Pero ¿cómo imaginar que informaciones tan discordantes en relación con el discurso general, y personales por añadidura, no sean excepciones o anomalías sin gran significación en un mundo que se está liberando de las miserias de la condición obrera gracias al progreso técnico? En los últimos veinte años, en vez de realizar investigaciones sociales o trabajos sobre el mundo del trabajo común, los periodistas se dedican a hacer "notas" sobre la vidriera brillante del progreso. Hay poco interés por el sufrimiento cotidiano... ¡y sin embargo está tan cerca! El único martirio propuesto a la curiosidad de nuestros conciudadanos es el de la violencia y las atrocidades de la guerra, que suceden lejos. Las medias tintas no generan ingresos. Del mundo del trabajo nos llegan sólo algunos ecos atenuados en la prensa y el espacio público; esto lleva a creer que las informaciones sobre el sufrimiento en el trabajo que a veces trascienden tienen un carácter excepcional, extraordinario y sin verdadera significación ni valor heurístico dentro de la situación general de quienes trabajan hoy en Europa. Y así, pese a la experiencia personal, en general discordante, son muchos los que adoptan las muletillas de moda sobre el fin del trabajo y la libertad recuperada. Dejours