Éste no es un libro fácil de clasificar. Acaso valga la pena señalar que, pese a que en sus páginas se cuestionan las pretensiones absolutistas de la razón moderna occidental, no es afín a la estética del desencanto tan en boga. La relación de Lizcano con las otras formas de pensar diferentes del logos occidental rezuma respeto, empatía y calidez.
Aquí el autor indaga en la forma en que el lenguaje nos constituye y nos permite encontrarnos y también disentir. Explora las metáforas que pueblan nuestros imaginarios así como las formas en que éstas se petrifican, disuelven, hibridan y cambian. En un paseo que se fue haciendo al andar, que no parece intentar con-vencer sino más bien mostrar y compartir los paisajes que se fueron presentando, Lizcano convoca al acuerdo, al disfrute conjunto de pensar la condición imaginaria humana, sus potencias y sus debilidades.
La lectura de Metáforas que nos piensan enseña a distinguir los diversos juegos del lenguaje y a cultivar la escucha, ayuda a ampliar los registros y nos orienta para disponer la atención permitiendo la emergencia de nuevos significados.