Ese libro, fruto de un trabajo de tesis, parte del tope freudiano en Análisis terminable e interminable. Al final de su recorrido, Freud se encuentra con el rechazo de lo femenino ? el penisneid y la protesta viril- y lo remite a un hecho biológico : la roca de la castración, el no consentimiento a la castración por parte del hombre y de la mujer que quedará como el resto freudiano infranqueable de la cura. Ese límite al que Freud llega es consecuencia de una sexuación y de una orientación de la cura centradas en el padre y en el falo.
Por su parte, Lacan afirma que la incidencia de la sexualidad en el inconsciente se manifiesta a través de las pulsiones parciales que por medio de los objetos a, buscan recuperar la pérdida original de goce y de referente que resultan del encuentro del hombre con el lenguaje. La pulsion en su deriva busca satisfacerse y por lo tanto, no promueve el encuentro entre los sexos ni el amor. Allí, a nivel de la pulsión, el Otro no existe.
El problema, entonces, es el que está implícito en la roca viva: el de una sexuación y el de un final de análisis que supongan una relación diferente con la pulsión, relación que no rechaza lo femenino y de la que participa la sexuación fuera del Edipo.