TRAUMA PSIQUICO Y SINTOMA. Las falacias del neo-organicismo
Actualmente, el DSM IV y el CIE-10, han eludido la confrontación que supone abordar el problema de la evaluación diagnóstica de la aflicción psíquica denominada NEUROSIS, prefiriendo sustituir su denominación por la restrictiva de TRASTORNO DE ANSIEDAD, deslindando la controversia y restringiendo el concepto a la consecuencia somática de la ansiedad. Aunque admite la participación de la función anémica en el desencadenamiento de la conducta que involucra su manifestación, el hecho que se hayan abandonado los esfuerzos de investigación orientados al conocimiento de las consecuencias somáticas de la actividad psíquica, y corroborado sus contrarios con una psicofarmacopoyesis de la ansiedad, pone en evidencia el rechazo y menoscabo hacia la ponderación de la actividad psíquica (cognitivo-afectiva) en la génesis de los trastornos somáticos. […] El psicoanálisis inerme pero no inerte, exhorta a recapacitar y advierte que la aprehensión del entorno y de la construcción de “esa realidad implicada” a la que está asociada la respuesta de ansiedad, no es un dato que provenga del sensorio, sino una construcción singular y subjetiva, asociada a experiencias pasadas, que además puede “desvanecerse, extraviarse, desmejorarse o desaparecer” dando lugar al síntoma psíquico angustia, y recusando al enfoque positivista que afirma que los trastornos psíquicos son la consecuencia de la morbilidad cerebral, atestigüe por el contrario que son los procesos psíquicos los que generan alteraciones somáticas, verdad empírica incontrovertible, como lo prueba la agitación somática que nos produce un recuerdo placentero o funesto.