"Jamás provendrá la libertad de la igualdad. La libertad, por el contrario, proviene de una desigualdad radical que invierte la sumisión y separa al sujeto del Amo.
Está muy lejos de mi ánimo el cuestionar el valor jurídico-político del reclamo de igualdad. Por ejemplo, ayudó a liberar el cuerpo de las servidumbres y humillaciones precapitalistas, las que preservaban al noble y al poderoso de las violencias materiales y simbólicas que, por el contrario, subyugaban los cuerpos de las clases subalternas. Pero no se le puede adscribir un fundamento psicológico-antropológico tan pobre como el que propone el formalismo de la teoría política. Es que el reclamo de igualdad es indisociable de la fraternidad. Ahora bien, lo sabemos desde Freud, la igualdad de los hermanos, el mutuo control que ejercen para que nadie sea más igual que el otro, el juego de envidia y resentimiento que siempre pone en juego, alcanzando a menudo el equilibrio inestable del enfrentamiento entre fraternidades rivales, es correlativo implacable del Uno que está por encima de los iguales. De otra parte, no es posible confundir la igualdad como noción estática con el reclamo de igualdad: si este último es valioso es porque el reclamo va más allá de la igualdad postulada: la demanda de isonomía está atravesada por un factor que no es isonómico".