En las discusiones y los debates que ocuparon el fin del último milenio, la noción de "real" fue a menudo empleada para explicar la imposibilidad de explicar.
Lo real es, sin embargo, uno de esos significantes adecuados para servir de estación, útiles para concluir argumentaciones azarosas. Por el contrario, a partir de su condición germinativa, lo real no cierra un problema sino que presenta su cristal iniciador. Con lo real comienza la aventura humana, de la sensación al fantasma, de la cosa al pensamiento. ¿Pero el pensamiento puede abarcar el cristal de donde procede y qué él mismo disuelve?