El modelo de la representación política, tal como se conoció en el mundo moderno, parece estar hoy ante una crisis irreversible. Una sociedad fragmentada y cada vez más heterogénea, un electorado apático y pronto a desconfiar de los gobernantes, una opinión pública sujeta al ritmo vertiginoso de los medios de comunicación y altamente voluble, por un lado, y partidos incapaces de congregar intereses sociales, dirigentes cuya acción se subordina a los cambiantes números del índice de popularidad, un sistema político e institucional deslegitimado que solo sobrevive al precio de su creciente autorreferencialidad, por el otro, son algunos de los rasgos que caracterizan la crisis actual.
¿Qué transformaciones sociales llevaron a este escenario? ¿Estos cambios anuncian el ocaso definitivo de los sistemas democráticos contemporáneos? ¿O es posible encontrar todavía, en los marcos de la democracia representativa, nuevos mecanismos institucionales y dispositivos simbólicos que permitan reconciliar la política con la sociedad?
En el presente ensayo, Juan Abal Medina (h) busca dar respuesta a estos y otros interrogantes a partir de un recorrido histórico-conceptual a lo largo de las distintas etapas de la evolución política, desde la democracia clásica, con su modelo de autogobierno, hasta el nacimiento de las formas representativas. Analiza los distintos modelos que adoptó la representación, a la luz de los sucesivos contextos sociohistóricos, para concluir con un lúcido análisis de su configuración actual, tanto de sus aspectos críticos, como de las dimensiones que es posible explorar en la búsqueda de nuevas formas de legitimidad y participación políticas.
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No hay política sin una política sobre la memoria. Y más aún en un país como la Argentina, marcado por los enfrentamientos políticos.

Pero la memoria también tiene un su propio abuso; pues nunca es neutra. En este libro, Jorge Jinkis piensa este fenómeno, y se pregunta cuál puede ser el equilibrio para que una política de la memoria que mantenga presente la violencia del pasado, pero que a su vez no genere su propia violencia.

Como Michel Foucault decía del hombre, cabe afirmar que la memoria, como espacio político, es una invención reciente. A primera vista, es uno de los efectos del exterminio nazi. Como la historia no suele ser tan directa y tajante, es seguro que una genealogía más atenta encuentra múltiples atisbos de su origen antes que eso. Se puede conjeturar que la memoria política es una respuesta (no necesariamente obvia) a un estallido de violencia de tal magnitud, planificac......
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