La notoriedad de Gilles Deleuze es equívoca, repleta de malentendidos.
Su proceder desconcierta: unos quisieran poder deslindar lo serio de lo caprichoso (el pre-Guattari y el pos- Guattari, el Deleuze ¨bueno¨ y el Deleuze ¨malo¨); otros, decidir si él es autor o solo comentador (según dos reproches simétricos, no es filosofo original porque comenta, y tampoco es historiador porque se dedica a hacer su doctrina propia).
El presente ensayo aborda la obra en su conjunto y se esfuerza por despejar, a través de ecos, reiteraciones y variaciones, la lógica de una de las experiencias filosóficas más notables del siglo XX; una lógica no dialéctica del devenir, fundada en la articulación del afuera y el pliegue, y en la emergencia de los conceptos de ¨multiplicidad¨ y ¨singularidad¨