Sobre la base de su vastísima experiencia y de su exhaustiva formación en psicoanálisis, la autora analiza las problemáticas del niño desde la "cocina" de la clínica, esto es, explicando las vicisitudes por las que atraviesa el análisis, desde el inicio de la consulta y la instancia decisiva del diagnóstico hasta la implicación del propio analista en el caso, sus intervenciones y la importancia crucial de la interpretación. La obra profundiza los aportes de su libro anterior, El niño del dibujo, a fin de puntualizar aspectos clave de la práctica: la complejidad transferencial, el trabajo sobre lo escritural y la huella, la dimensión del espacio en el análisis, en particular la representación de los "agujeros" y su productividad a la hora de abordar el autismo infantil. Aborda también un aspecto delicado, como el impacto subjetivo en los niños secuestrados durante la última dictadura militar, lo que indica su grado de compromiso ético en el ejercicio profesional.