No son pocas las mujeres que hacen del amor una entrega absoluta e incondicional, creyendo que de esa forma protegen la "armonía hogareña", o que se mantienen en un "prudente" segundo plano, confundiendo así amor con autopostergación. Son creencias que circulan en un plano inconsciente, y que han sido incorporadas a la subjetividad como naturales porque son avaladas por una sociedad que quiere hacer creer que las postergaciones y las incondicionalidades femeninas no tienen costos.