Deleuze expresa una necesidad de no-filosofía apta para revolucionar las maneras convencionales de practicar la filosofía. Desea ponerle fin al ciclo de las interpretaciones para experimentar mejor las fuerzas interpersonales, asocia el comentario filosófico al “agente de poder” en el pensamiento, y formula ese curioso deseo de salir de la filosofía por la filosofía. Sus monografías sobre autores han adquirido sin embargo el estatus de “clásicos” de la filosofía.