Como seres humanos que somos, como seres sociales, vivimos en un ambiente donde las relaciones entre las personas, los afectos y emociones nos acompañan permanentemente.
La muerte, la pérdida de los seres que nos rodean, desencadena inevitablemente una reacción de dolor, de ausencia, que provoca en nuestro cuerpo y en nuestra mente un conjunto de fenómenos de adaptación, es lo que llamamos el duelo.
El duelo, el dolor por la pérdida, es un mecanismo natural por el que encauzamos el sufrimiento y la aflicción que sentimos (...) Este fenómeno tiene además un profundo sentido social y marcadas diferencias culturales en la forma de expresarse. Nuestra sociedad se ha transformado mucho en las ultimas décadas y también ha cambiado la manifestación externa de nuestro dolor.
(extracto del prólogo de Ana María Pastor Julián)