¿Debemos pensar que la especie humana está destinada a la extinción por falta de unos mecanismos innatos que inhiban su propia capacidad de aniquilación, cada vez mayor, y por su tendencia a utilizarla, aun a sabiendas de sus fatales consecuencias? En una etapa tan crítica, cuando está en juego la propia supervivencia de muchas especies, entre ellas la nuestra, se hace indispensable un cambio radical del modo de pensar y vivir, aprovechando la facultad de raciocinio, privilegio exclusivo del Homo sapiens.