De niño, Peter Debauer, el narrador de esta novela, pasa las vacaciones de verano en Suiza, en casa de sus abuelos. A la caída de la tarde, mientras ellos editan una colección de novelitas populares para ganarse a vida, Peter se sienta en la mesa y lee. En los años cincuenta, recién acabada la Segunda Guerra Mundial, el papel está muy caro, y los abuelos le regalan a Peter algunos pliegos de las pruebas que corrigen para que aproveche el dorso, le prohíben expresamente leer el anverso. Pero un buen día Peter decide desobedecer el mandato de sus abuelos y lee el texto escrito en las hojas: son los fragmentos de una odisea de un soldado alemán que regresa a casa, tras su cautiverio en Siberia, para reencontrarse con su mujer. Cuando llega a su ciudad y ella le abre la puerta, lleva un niño en brazos y a su lado hay un desconocido. Peter se quedará sin saber cómo acaba la historia del soldado porque, desgraciadamente, ya ha usado las hojas finales para tomar sus apuntes de clase y sus notas, y las ha tirado.
Años después, Peter tropezará de nuevo con esa historia y sentirá curiosidad por conocer el final. Y esa indagación se convertirá en la búsqueda del autor de la novela, un hombre que ha dedicado toda su vida a borrar su rastro, que ha vivido bajo distintas identidades, que ha conseguido diversos éxitos y que, sobre todo, ha establecido una relación muy particular con los horrores del siglo XX. Al mismo tiempo, Peter Debauer se encontrará a sí mismo, y sus investigaciones le llevaran a vivir su propia odisea: la búsqueda de sus orígenes, de la mujer a la que ama, y, finalmente, su propio regreso.