Hoy en día, se nos permite reconocer de nuevo que necesitamos a otra persona y que deseamos que nos necesiten. Existe un deseo renovado de apego, de proximidad y ternura, de una vida estable en común. La soledad se acepta sólo como una forma de transición, pero no como forma de vida. El ser humano ha reconocido que necesita al otro, a la pareja, porque la relación amorosa tiene un significado trascendental e insustituible para su propio crecimiento personal. Con todo, una relación amorosa no será jamás armónica ni desinte-resada, siempre será egoísta y estará cargada de tensión. Los miembros de la pareja se provocan entre sí, son los críticos más competentes y los provocadores más implacables, porque cada uno resulta afectado directamente por el desarrollo del otro. Cuando en la pareja no se producen fricciones ni se evoluciona, es porque se ha estancado. En una relación vital, cada miembro de la pareja seguirá siendo un misterio para el otro, durante toda una vida se seguirán buscando.

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Seminario 19... o peor, de Jacques Lacan


Encuentro fortuito entre una máquina de coser y un paraguas. Encuentro imposible entre la ballena y el oso blanco. Uno, creación de Lautréamont; el otro, indicación de Freud.Ambos memorables. ¿Por qué? Sin duda, ellos conmueven algo en nosotros. Lacan dice qué.Se trata del hombre y de la mujer. Entre los dos, ningún acuerdo ni armonía, no hay programa, nada pre-establecido: todo está librado al azar, lo que en lógica modal se llama “contingencia”. Nadie se salva. ¿Por qué esta es fatal, es decir, necesaria? Hay que pensar que procede de una imposibilidad. De ahí el teorema: “No hay relación sexual”. Esta fórmula es famosa hoy en día. En el lugar de lo que así agujerea lo real, hay plétora: imágenes que embaucan y que encantan, discursos que prescriben lo que esa relación debe ser. No son más que semblantes, cu......
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