En la actualidad, no faltan intentos de reducir el amor, el deseo, la pulsión sexual y demás pasiones del ser a mecánicas neuronales y circuitos fisiológicos. Poco importa que semejantes intentos no pasen por ahora de ser meros anuncios periodísticos que diariamente rellenan los intersticios de las catástrofes mundiales. En ninguna publicación faltará el breve informe sobre la universidad de algún estado norteamericano comunicando la buena nueva de haber descubierto, por ejemplo, el mecanismo secreto de por qué los hombres las prefieren rubias o la alteración cromosómica que produce la homosexualidad. Tampoco importa que tales estudios no trasciendan el nivel de la más pura superchería: la sola mención del adjetivo "científico" basta para dotarlos de un aura de legitimidad, una apariencia de verdad. Lo "científico" se ha convertido en un significante capaz de sobrevivir a cualquier fracaso. En términos generales, podemos afirmar que el psicoanálisis se ha limitado a defender sus paradigmas y la efectividad de su práctica frente a los ataques que periódicamente sufrió por parte de distintas disciplinas. Quizá ha llegado el momento de pasar a la ofensiva, y demostrar la inhumanidad de todas aquellas prácticas que contribuyen a lo que Jean-Claude Milner denominó políticas del "malvivir". Este libro pretende reunir una serie de textos que denuncien el cientificismo como una operación de domesticación de la vida humana, como un aporte falaz al malestar de la civilización.

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Seminario 19... o peor, de Jacques Lacan


Encuentro fortuito entre una máquina de coser y un paraguas. Encuentro imposible entre la ballena y el oso blanco. Uno, creación de Lautréamont; el otro, indicación de Freud.Ambos memorables. ¿Por qué? Sin duda, ellos conmueven algo en nosotros. Lacan dice qué.Se trata del hombre y de la mujer. Entre los dos, ningún acuerdo ni armonía, no hay programa, nada pre-establecido: todo está librado al azar, lo que en lógica modal se llama “contingencia”. Nadie se salva. ¿Por qué esta es fatal, es decir, necesaria? Hay que pensar que procede de una imposibilidad. De ahí el teorema: “No hay relación sexual”. Esta fórmula es famosa hoy en día. En el lugar de lo que así agujerea lo real, hay plétora: imágenes que embaucan y que encantan, discursos que prescriben lo que esa relación debe ser. No son más que semblantes, cu......
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